viernes, 6 de enero de 2012

Dactylorhiza elata

Hasta el año pasado, las únicas fotografías propias de Dactylorhiza elata que teníamos eran unas diapositivas tomadas en Cazorla a unos ejemplares enormes, recuerdo de unas vacaciones. En años posteriores nos enteramos de que también estaba presente la especie en Grazalema, pero no nos preocupamos especialmente por ver o fotografiar esos ejemplares más cercanos. No es que hubiéramos perdido interés en esta u otras especies de orquídeas, sino que había aumentado el que sentíamos por el resto de géneros y familias de la flora de Cádiz.
Dactylorhiza elata

Las orquídeas, o las especies de la familia de las Orchidaceae, han tenido y tienen un lugar especial en nuestra afición a la botánica, y no siempre por sus razones objetivas ligadas a sus características peculiares o su fama de plantas raras o misteriosas. Las razones de este apego son más bien sentimentales, debido al papel que han jugado en su momento en esta afición nuestra por las plantas, así que cuando caímos en la cuenta de que había algunas especies en Cádiz que teníamos poco o nada vistas o fotografiadas nos pusimos con ahínco a rellenar esta laguna.
Dactylorhiza elata
Cuando le llegó el turno a Dactylorhiza elata estábamos convencidos de que era muy escasa y no iba a ser fácil localizarla, así que había que preparar bien la búsqueda.  Teníamos idea de que prefería lugares muy húmedos o encharcados, muy cerca de cursos de agua, y habíamos calculado que el mes de junio era el más propicio para encontrarla en flor, así que con la ayuda de libros como Orquídeas del Parque Natural Sierra de Grazalema, de Luis Velasco y Pepe Beltrán, decidimos la zona que convenía prospectar.
Dactylorhiza elata, el primer ejemplar
Las orquídeas del género Dactylorhiza son muy similares a las del género Orchis, más prolífico en especies, de las que se diferencian en que las brácteas son foliáceas, frente a las de las flores de Orchis, que son membranáceas, y en que los tubérculos de las primeras son ramificados, en forma de dedos (de ahí su nombre). En el campo, las brácteas foliáceas no presentan dudas cuando son verdes, pero cuando son coloreadas pueden surgir problemas para distinguir los géneros; el detalle de las raíces sí que es distintivo, pero desaconsejamos totalmente que se desentierren plantas para mirar las raíces. Solo hay dos especies del género en la provincia de Cádiz: D. elata y D. sulphurea, muy escasas ambas y con preferencias por lugares húmedos.
Dactylorhiza elata en su hábitat
Entre las anécdotas del día destaca la de la pobre cabra payoya enredada en una alambrada. Tenía enganchados los cuernos de manera que la obligaba a permanecer en una incómoda posición, sin poder mover la cabeza para comer. Cuando la encontramos debía de llevar días así, ya que estaba muy debilitada y un círculo de terreno pelado y muy pisoteado daba idea de la desesperación del animal.
Poco después de liberarla encontramos el primer ejemplar, a la misma orilla del arroyo, en un lugar sombreado; está bastante larguirucha y solo tiene abiertas las flores inferiores. Medio en broma, medio en serio, comentamos que algún ángel de la guarda o duende protector de la cabra nos premiaba nuestra buena acción.
Dactylorhiza elata, ejemplar hipocromático
Nos dábamos por contentos con este balance cuando, ya de regreso, en un encharcamiento junto a una pista de tierra apisonada, vimos una población más nutrida, con unos cuarenta ejemplares y en floración más avanzada. Y con el valor añadido de incluir dos ejemplares hipocromáticos, de flores totalmente blancas. Este fenómeno de hipocromía parece relativamente frecuente en otras zonas de la península donde la especie es más frecuente pero no tenemos noticia de que se haya registrado hasta ahora en Cádiz.
Dactylorhiza elata, ejemplar hipocromático
Lo negativo del hallazgo fue constatar que las vacas se habían comido un buen número de ejemplares (como si no tuvieran sitio donde pastar), con lo que la población original debería haber sido bastante más extensa y numerosa. La prueba está en que la parte de la población que quedaba al otro lado de una alambrada, fuera del alcance de los rumiantes, era más densa y estaba mejor conservada. Esto demuestra lo fácil, barato y efectivo que sería proteger la población de una planta tan escasa  como esta, delimitando una microreserva con una valla.

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